Wislawa Szymborska con todas sus letras

wislawa por tres

Archivo de la Fundación Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska en Talleres Barravento goza de un alto aprecio que todavía está en desarrollo. La poeta oriunda de Polonia ganó el premio Nobel en 1996, año en que apenas existía una antología en español de varios autores con un puñado de sus poesías. Con el tiempo que ha pasado, hoy ya podemos ver más de su obra en algunas librerías y sitios web especializados, pero aún su prosa es desconocida en Chile.

Su poesía guarda una metodología que relaciona al oficio del escritor con un ritual muy disciplinado e íntimo. Cuentan sus traductores al español, que muchas veces escribió en papeles desteñidos por el sol, ya que no le gustaba desperdiciar lo que le podía servir. Y su letra, ínfima, llenaba todos los espacios necesarios de la hoja para corregir y reescribir sus obras.

Tenía una imaginación muy fina, enfocada en los detalles del día a día, de la historia europea y la personal. Sus líneas dejan entrever su actitud, que es su estilo propio, concreto, justo y casi siempre salpicado de su humor perspicaz. Una prosa sin derroches estilísticos ni desvaríos románticos.

La selección de tres poemas que presentamos comienza con Utopía, cuya primera frase aparece aislada y declara la existencia de una isla. Con la siguiente se define el poder que tiene este lugar inventado. Línea a línea se van creando nuevos espacios y caminos de este paraíso imaginario. A medida que las frases se van acompañando con otras, el lugar se construye como el diseño proveniente del anhelo de una persona que persigue el conocimiento como motivo central de su vida. Sin embargo, la acción de estas frases, deleite para cualquier intelectual, sobrepasa la realidad de una persona cualquiera. Cuando el lector ya tiene claro esto, todavía se siguen nombrando los rasgos geográficos de la isla utópica, y llegan los últimos versos donde Szymborska cuenta lo que pasó con las personas que llegaron a su isla: Una vez que pisaron tierra y obtuvieron la sabiduría absoluta, sin poder ir contra la naturaleza humana, algo de ella los impulsó a abandonar la isla.  

El segundo poema es A algunos les gusta la poesía, y es uno de los poemas más conocidos de la escritora. Publicado en 1993, cuando todavía no sucedía “la hecatombe” que sería recibir el premio Nobel, tanto para su vida literaria como la privada. 

A primera vista el lector podrá notar, si lee las primeras frases de los párrafos 1, 2 y 3, cómo reaparece el título del poema. Quizás esto pueda parecerle un detalle anecdótico, pero más bien es un gesto lúdico que atrae especialmente y forma parte del estilo de Wislawa. En A algunos… sobresale la disposición de la escritora para tomar el lenguaje como si las palabras fueran las piezas de un todo, y crear con ellas un juego que exuda sencillez, un poema que con mucho cuidado comenta cuán poco popular es el arte poético en el mundo.

El tercer poema es Adolescente, en el que Szymborska narra el encuentro con su yo de la pubertad, a la que no le guarda ningún apego emocional más que reconocerle su bien intencionado entusiasmo. La serie de comparaciones que hace con su yo joven pudiera parecer anodina al lector, sin embargo, da cuenta que para la poeta perder cosas como la buena facha o la caligrafía, no se compara con lo que ganó con su crecimiento como persona y escritora contemporánea. Aunque le gustaría tener la certidumbre que una vez tuvo.

Finalmente, la distancia entre ambas Wislawas se hace presente en Adolescente, a través de un tesoro que guarda de su época moza: la bufanda de rayas a colores tejida por su madre, la cual se convierte en símbolo de su existencia, en el sucedáneo de la línea de tiempo que marca el paso de Wislawa por el mundo.

Como decía al principio, Wislawa Szymborska está siendo descubierta en Talleres Barravento, por lo tanto, ya vendrán otros poemas y consejos suyos a nuestros referentes.


Utopía

Isla en la que todo se aclara.

Ahí se puede arribar a pruebas firmes.

No hay más caminos que aquellos de llegada.

Las zarzas se doblan bajo el peso de las respuestas.

Crece ahí el árbol de la Suposición Correcta
con sus ramas eternamente desenredadas.

Y deslumbrantemente recto el árbol de la Comprensión
junto a una fuente llamada Ah, De Eso Se Trata.

Cuanto más denso se hace el bosque, más amplio aparece
el Valle de la Evidencia.

Si hay alguna duda, el viento la disipa.

El eco de ninguna voz toma la palabra
y aclara con entusiasmo los secretos de los mundos.

A la derecha, la caverna en la que se encuentra el sentido.

A la izquierda, el lago de la Convicción Profunda.
Del fondo se desprende la verdad y sale sin más a la superficie.

Domina el valle la Seguridad Inquebrantable.
Desde su cima se extiende la Esencia de las Cosas.

A pesar de sus encantos, la isla está desierta,
y las pequeñas huellas de pasos que se ven en sus orillas
se dirigen hacia el mar sin excepción.

Como si de ahí solamente se saliera
para hundirse irremediablemente en el abismo.

En una vida inconcebible.


A algunos les gusta la poesía


A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatorio,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.

Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.


Adolescente

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí una extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemente sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Yo sé mucho más,
pero a cambio, sin ninguna seguridad.

Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.

Leo y leo esos poemas.
A lo mejor este de aquí,
si lo acortáramos,
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.

La conversación no fluye.
En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío es mucho más caro y exacto.

Al despedirnos, nada, una especie de sonrisa
y ninguna emoción.

Sólo cuando desaparece
y olvida con las prisas la bufanda.

Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo
por nuestra madre para ella.

Todavía la conservo.


Poemas extraídos del libro Leyendo a Szymborska selección y traducción de poemas de Abel Murcia y Gerardo Beltrán; audiolibro, interpretación de Julia Gutiérrez Caba, Babel Studio, Varsovia, 2013.

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