“Un Tranvía Llamado Deseo”, la obra y la película

Con el paso de los años, he valorado en aumento el valor literario y social que tiene el texto de “Un Tranvía Llamado Deseo”, de Tennessee Williams. Es una pieza que pese a los más de cincuenta años que han pasado desde su creación, mantiene intacta la fisura de la sociedad del éxito y el fracaso, dada por el macho autosuficiente y la loca derrotada. Estos conceptos se ven amplificados por la idea de una puesta en escena que se desarrolla la mayor parte del tiempo en locaciones cerradas, en donde se estrechan los cuerpos y el carácter de los personajes. Desde luego que en el teatro las locaciones siempre son cerradas por una cuestión de espacio (salvo en las obras al aire libre), pero me refiero a la estrategia de exponer dentro del espacio reducido, escenas icónicas que reflejen aún más esa estrechez, como es el caso de la mesa de almuerzo, la mesa de reunión con los amigos o la habitación matrimonial, que denota la precariedad de una familia de clase trabajadora.

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Marlon Brando, Jessica Tandy y Kim Hunter en “Un Tranvía Llamado Deseo” (1947), la obra teatral.

La obra teatral y la película, ambas dirigidas por Elia Kazan, comparten esa idea de elaborar un espacio para la crisis de la convivencia, que desemboca en actos de violencia. Es así como hay escenas de la cinta (que por lo leído son exactamente igual que en la obra teatral), en donde la concentración del plano cinematográfico potencia la dramatización. Si bien hay un acercamiento lógico con la cámara a los cuerpos y rostros de los personajes, no se exageran estas secuencias con abusos a primeros planos, lo que de algún modo mantiene la cercanía de la película con la obra, de acuerdo al punto de vista del espectador. Estamos hablando, por supuesto, de un espectador que haya visto la obra en Broadway en las primeras filas.Cuento aparte, es el factor Marlon Brando y el quiebre que provoca su actuación en la película, al contrastar su estilo de actuación, que en esta época se ve más desgarrado y convincente, que exagerado. El paso de los años ha reforzado la naturalidad de su personaje de Stanley Kowalski y ha dejado como una caricatura a Vivien Leigh, en su rol de Blanche Dubois. Ésta es una opinión muy personal y seguramente habrá mucha gente que no la comparta, pero me pasa que cada vez que vuelvo a ver la película, encuentro que Leigh queda más perdida en el tiempo. Lo único que puedo decir a favor de ella, es que representa un estilo de actuación del Hollywood de aquella época y le da imagen a esa rotulación de “lo teatral en el cine”. Ese es su valor y su defecto.Yo represento a ese espectador al que le hubiera gustado ver la película con Jessica Tandy, en el papel de Blanche. De todos modos, sigo pensando que con sus excesos y detalles que han envejecido a lo largo de las décadas, “Un Tranvía Llamado Deseo” es una gran película.

Brando en Tranvía la pelicula

Marlon Brando y Vivien Leigh en “Un Tranvía Llamado Deseo” (1951), la película.

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