Tres poemas de la uruguaya Ida Vitale

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“La poesía es la intimidad que coincide con la intimidad de otros”. (Ida Vitale, 1923, Uruguay)

Es el momento de revisar una pequeña parte de la obra de la poeta Ida Vitale, que a sus 92 años acaba de ganar el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca. Hace un tiempo nos habíamos detenido en el trabajo de otros dos escritores uruguayos de la misma época, Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, ambos ya fallecidos, referencias habituales en los talleres literarios de Barravento.

Aquí compartimos tres poemas de Vitale. Les sigue un comentario de Christy Callaway-Gale.


PATRIMONIO

Sólo tendremos lo que hayamos dado.
¿Y qué con lo ofrecido y no aceptado,
qué con aquello que el desdén reduce
a vana voz, sin más,
ardiente ántrax que crece,
desatendido, adentro?

La villanía del tiempo,
el hábito sinuoso
del tolerar paciente,
difiere frágiles derechos,
ofrece minas, socavones, grutas:
oscuridad apenas para apartar
vagos errores-

El clamor, letra a letra,
del discurso agorero
no disipa ninguna duda;
hace mucho que sabes:
ninguna duda te protege.

De “Reducción del infinito”, 2002


OBLIGACIONES DIARIAS

Acuérdate del pan,
no olvides aquella cera oscura
que hay que tender en las maderas,
ni la canela guarneciente,
ni otras especias necesarias.
Corre, corrige, vela,
verifica cada rito doméstico.
Atenida a la sal, a la miel,
a la harina, al vino inútil,
pisa sin más la inclinación ociosa,
la ardiente grita de tu cuerpo.
Pasa, por esta misma aguja enhebradora,
tarde tras tarde,
entre una tela y otra,
el agridulce sueño,
las porciones de cielo destrozado.
Y que siempre entre manos un ovillo
interminablemente se devane
como en las vueltas de otro laberinto.

Pero no pienses,
no procures,
teje.

De poco vale hacer memoria,
buscar favor entre los mitos.
Ariadna eres sin rescate
y sin constelación que te corone.

De “Cada uno en su noche”, 1960


LA PALABRA INFINITO

La palabra infinito es infinita,
la palabra misterio es misteriosa.
Ambas son infinitas, misteriosas.
Sílaba a sílaba intentas convocarlas
sin que una luz anuncie su dominio,
una sombra señale a qué distancia de ellas
está la opacidad en que te mueves.
Van a algún punto del resplandor y anidan,
cuando las dejas libres en el aire,
esperando que un ala inexplicable
te lleve hasta su vuelo.

¿Es más que su sabor el gusto de la vida ?

De “De procura de lo imposible”, 1998


Comentario:

Según Ida Vitale, la clave de la poesía es una intimidad compartida con otro. Si analizamos estos tres poemas desde este punto de vista encontramos que Vitale tiene el talento de convertir un tema generalizado (como el estado de un país, la vida de una ama de casa y el acto de pronunciar una palabra) en algo personal.

El primer poema de éstos incluye al lector en los actos que describe la autora, lo cual crea una especie de intimidad entre los dos. Vitale logra este efecto por hablar en primera persona plural (‘tendremos’/’hayamos’) y nos hace identificar con el estado del país, al que se refiere, al decribirlo en términos humanos. Éste tiene ‘una vana voz’ y está enfermo con un ‘ardiente ántrax’, el cual hemos ignorado. La poeta pinta el concepto del tiempo de la misma forma humana, siendo una villanía con hábitos desagradables, para que también nos preocupemos por él y su significado.

Al final de este poema Vitale le da una gira al empezar a hablar en segunda persona (‘hace mucho que sabes: /ninguna duda te protege’) y por eso experimentamos personalmente la vulnerabilidad que generan las dudas, de la que habla la poeta. Esta misma técnica de la segunda persona se ocupa en el poema siguiente ‘Obligaciones diarias’, pero en este caso es para otro objetivo. Aquí nos hace sentir subordinados a otro, ya que la mayoría de los verbos en segunda persona son órdenes (‘acuérdate’/’no olvides’/’corrige’/’corre’, por ejemplo) y entendemos un poco más cómo debe de ser la mujer reprimida del poema, confinada en su casa.

Sufrimos la monotonía de la misma rutina ‘tarde a tarde’ que toma la forma de una lista, parecida a una de compra, en el poema. Nos dicen que no hay tiempo para soñar y nos exigen tejer y dejar de desear.  Vitale insiste en que nosotros, o sea la protagonista del poema, no somos Ariadna, mujer mitológica a la que salvaron con un hilo del laberinto y la que coronaron con estrellas, sino que somos cualquier ama de casa que nadie piensa en rescatar. En este poema Vitale no sólo convierte un símbolo general (en este caso, Ariadna, que es uno de la mujer) en algo personal, sino después lo destruye y se niega reconocer su relevancia en nuestra vida cotidiana.

Por el contrario en el poema ‘La palabra infinita’ sí trae Vitale lo mítico a la vida diaria y los deja convivir en las mismas estrofas. La poeta nos transmite el misterio de las palabras al hablar de imágenes de sombra, que solemos vincular a los enigmas. Pero en vez de ser las palabras que no alcanzamos explicar que ocupen ese espacio de oscuridad, las cuales se describen en términos de luz total, somos nosotros quienes nos encontramos allí. Es el sabor de las palabras en la boca que le traen el resplandor, y por eso el gusto, a la vida, según ella, y al preguntarnos qué pensamos nosotros al final del poema aun nos hace sentir parte de esta reflexión íntima suya, íntima porque parece ser del alma de la poeta por el tema de la importancia de las palabras.

Entonces sobre este último poema podríamos decir que Vitale va más allá de personalizar conceptos conocidos, lo cual hace en los otros dos poemas, y que persuade a cada uno de nosotros pensar de la misma forma que ella, gran poeta que es.

Christy Callaway-Gale

 

 

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