Raúl Ruiz y el proceso creativo de “Diálogos de exiliados” (1975)

Raul Ruiz

A continuación publicamos el texto completo, escrito en primera persona por el cineasta chileno Raúl Ruiz, sobre cómo se planteó hacer una película después de cinco meses de haber salido al exilio, con el fin de mostrar el quehacer diario de los chilenos que se habían asentado, después del golpe, en Francia.

Sin duda, al ver la película hoy la historia parece bastante irrisoria, pero en su momento puso a Ruiz en una situación bastante complicada.

“Para Diálogos de exiliados se quería hacer una especie de filme de “perspectiva” en el que se intentaría ver cuáles serían las dificultades con las que podría encontrarse una organización política de exilio. No se hablaba de una organización de resistencia, porque eso era muy pretencioso (…) El filme se empezó así, como un catálogo de los problemas que podría hacer, y mientras se hacía, esos problemas se plantearon realmente y, cuando se terminó, los chilenos que la vieron estimaron que era una suerte de denuncia inoportuna (no era el momento para decir todo esto), mientras que yo había querido hacer una película prudente, que no fuera impertinente…

Disponíamos de muy pocos recursos, de la solidaridad de un cierto número de técnicos franceses, de gente de por aquí, de gente de por aquí y de por allá que nos prestó la película, de gente que nos fiaba. No le habíamos dado a la película una forma definitiva. Aunque iba haciendo día a día, un poco a ciegas, de manera un poco sonámbula; el único elemento aglutinante era tal vez el texto de Brecht “Diálogo para exiliados”, que se tomó como punto de partida para interpretar nuestra actitud en relación a la situación que estábamos viviendo. Y aquí viene el problema: cuando se va a realizar un producto, debe corresponder a lo que quieren los que la han encargado; por ejemplo, mostrar la lucha de un pueblo, mientras que nosotros estábamos impresionados, antes que todo, por el hecho de haber contribuido a una de las mayores derrotas del proletariado mundial. nos sentíamos responsables y por eso nuestra postura irónica…

Yo estaba convencido de que era una película militante, un llamado a la unidad, una especie de previsión de todos los errores que podrían cometerse y que tendríamos que evitar. En la película no se traspapela el dinero del MIR; lo que está claro ahí es que el dinero para un causa puede desaparecer sin necesidad de ser robado. Si te han gastado cinco mil francos en teléfono y te llega una plata que pertenece a la gente que te los ha gastado, tú dices “yo tengo derecho a recuperar esa suma”. De tal manera que la plata que circula por el sólo hecho de ser utilizada correctamente puede desaparecer. Después supe que Brecht había tenido los mismos problemas; me dije, con Brecht estoy salvado porque es intocable. Después supe que era muy tocable. Utilizando los principios de él, se podía llegar a crear situaciones muy conflictivas. Hablo de su pieza de teatro donde se ajusticia a un militante, que no ha traicionado sino que simplemente es una especie de cuerpo extraño en el grupo. La película fue hecha cinco meses después del golpe de una manera prospectiva, diciendo: esto es lo que podría pasar, hasta ese momento nada había ocurrido. No era por el gusto de ser profeta, era justamente por hacer una película militante, de acción política.

Como decía el Flaco Lira, “la quise hacer a favor y me salió en contra”. Lo que yo quería era mostrar la vida cotidiana de los exiliados y sus posibles perspectivas políticas. Pero políticas en el quehacer diario. No declaraciones políticas, sino qué impresión se puede sacar de gente que vive en una situación paródica, como si aún estuviera en Chile y todavía tuviera poder. Todo era parodia en el peor sentido del término, pues no había ningún chiste.

Pero no es que me haya vuelto crítico de repente: El realismo socialista y La expropiación habían dejado un despelote muy grande en el Chile de antes. Eso lo llevo yo hace tiempo. Hasta con La colonia penal, que trata de un lugar imaginado y que está basada en un cuento de Kafka, tuve problemas concretos.

También la Unidad Popular se alimentaba de estereotipos universales, como la religión leninista. Pero al hacer la película no era consciente de la fuerza de este choque entre situaciones lógicas dentro de cierta crispación política y un escenario que las vuelve risible. Por eso le molestó a muchos chilenos. Si me hubiera dado cuenta, quizás habría hecho la película de todas maneras, pero no me habrían asombrado tanto las reacciones. Hay que tener en cuenta que Chile es un país muy insular; el chileno está convencido de que más allá de sus fronteras no hay nada, solamente niebla; por eso mismo, al verse como estereotipos, se enojaron mucho, más de lo que yo creía. En el interior del país, antes del golpe, críticas de este tipo eran aceptadas mucho mejor, como positivas…

Tras las reacciones frente a Diálogos de exiliados, tras reflexionar sobre lo que pasó en Chile durante la Unidad Popular, sobre la influencia de los estereotipos es un proceso revolucionario , empecé a interesarme en todo lo que implican los simulacros, las simulaciones, el juego de espejos que hay en todo estereotipo.”

Fragmento de Ruiz. Entrevistas escogidas – filmografía comentada. Bruno Cuneo editor, Ediciones UDP, 2013, Santiago de Chile.

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