Poemas de Alejandra Pizarnik

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Foto extraída de El mundo


“Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcisar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.”
(Alejandra Pizarnik)

Los siguientes poemas de Alejandra Pizarnik han sido extraídos de su libro “La tierra más ajena” (1955) de “Poesía completa” (2015, Random House, Argentina). Cuando los escribió tenía sólo diecinueve años.

A continuación hay un comentario de Christy Callaway-Gale.


 Días contra el ensueño

No querer blancos rodando

en planta movible.

No querer voces robando

semillosas arqeuada aéreas.

No querer vivir mil oxígenos

nimias cruzadas al cielo.
No querer trasladar mi curva

sin encerar la hoja actual.

No querer vencer al imán

al final la alpargata se deshilacha.

No querer tocar abstractos

llegar a mi último pelo marrón.
No querer vencer colas blandas

los árboles sitúan las hojas.

No querer traer sin caos

portátiles vocablos.

 

Humo

marcos rosados en callado hueso

agitan un cocktail humeante

miles de calorías desaparecen

ante la repicante austeridad

de los humos vistos de atrás

dos manos de trébol roto

casi enredan las oscuras encías

bajo ruidos recibidos al segundo

los pelos ríen moviendo

las huellas de varios marcianos

cognac bordeaux-amarillento

rasca retretes sanguíneos

tres voces fonean tres besos

para mí para ti para mí

pescar la calandria eufórica

en chapas latosas

ascendente faena!

 

Reminiscencias

y el tiempo estranguló mi estrella

cuatro números giran insidiosos

ennegreciendo las confituras

y el tiempo estranguló mi estrella

caminaba trillada sobre pozo oscuro

los brillos lloraban a mis verdores

y yo miraba y yo miraba

y el tiempo estranguló mi estrella

recordar tres rugidos de

tiernas montañas y radios oscuras

dos copas amarillas

dos gargantas raspadas

dos besos comunicantes de la visión de

una existencia a otra existencia

dos promesas gimientes de

tremendas locuacidades lejanas

dos promesas de no ser de sí ser de no ser

dos sueños jugando la ronda del sino en

derredor de un cosmos de

champagne amarillo blanquecino

dos miradas cerciorando la avidez de una

estrella chiquita

y el tiempo estranguló mi estrella

cuatro números ríen en volteretas desabridas

muere uno

nace uno

y el tiempo estranguló mi estrella

sones de nenúfares ardientes

desconectan mis futuras sombras

un vaho desconcertante rellena

mi soleado rincón

la sombra del sol tritura la

esfinge de mi estrella

las promesas se coagulan

frente al signo de estrellas estranguladas

y el tiempo estranguló mi estrella

pero su esencia existirá

en mi intemporal interior

brilla esencia de mi estrella!

 

Tratando a la sombra roja

su soledad maúlla

ceros y ceros

vertiente de valores ingenuos

retina ante desconocido

las brisas sonantes

retornan picando

su ser de sonrisas

y dientes abiertos

reír en la noche soleada

del vigoroso participio


 

Comentario:

Al leer la poesía es fácil olvidar su cualidad oral, de sus vínculos a la música, perdiéndonos en las ideas que también nos llaman la atención. Yo diría lo mismo de la narrativa. Hay que recordar su potencial para cautivar un público al compartirla en voz alta, como era necesario en la cultura antigua, antes de la escritura o la imprenta. Por eso, quiero enfocarme en las frases de Pizarnik que explotan la potencia de los sonidos para subrayar sus imágenes atractivas.

La repetición de frases, que podríamos llamar estribillos, se ve sólo al mirar los poemas en la página y nos afecta aún más al escucharlas. El estribillo negativo ‘no querer’, el cual vuelve a lo largo de “Días contra el ensueño”, reafirma la idea de la lucha que implica la palabra ‘contra’ del título. Además, el uso repetitivo de ‘dos’ en “Reminiscencias” resalta el sentimiento de dolor y sufrimiento que nos transmite estos versos, ya que si suponemos que el poema se trata de la muerte de otro, la palabra ‘dos’ nos afecta al saber que ya sólo queda una persona.

La reiteración de vocales también merece nuestra atención. En el mismo poema “Reminiscencias” encontramos un exceso de la vocal ‘e’ en algunas frases como ‘la esfinge de mi estrella’/’su esencia existirá’ que nos hace pensar en la oración principal del poema (‘y el tiempo estranguló mi estrella’) por la misma razón. Por eso nos concentramos en la violencia del verbo ‘estrangular’ y los conceptos de la mortalidad y virtual existencia que tradicionalmente se asocian a las estrellas.

La forma en que Pizarnik empieza sus poemas, partiendo en la mitad de una frase y repitiendo imágenes, nos lleva a escuchar un ritmo incansable en cada poema. Todos comienzan de golpe por esa técnica de empezar en la mitad de una idea y por eso el ritmo es establecido enseguida. La repetición de palabras que viene después, entonces, sirve para insistir con ese ritmo y no dejarlo parar. Así se mantiene la intensidad del poema que es fundamental para también mantener la atención de los lectores.

En esta etapa de su vida Alejandra Pizarnik crea una obra poética que parte con una estructura más clásica de la que se le lee a partir de 1968 con su libro “Extracción de la piedra de la locura”. En “La tierra más ajena” la poeta se da espacios, tímidos todavía, para dar giros y quebrar algunos versos que en su mayoría cumplen con una métrica. En “Humo”, experimentamos esto cuando dice ‘para mí para ti para mí’ que juega con el ritmo ya establecido. Del mismo modo, alarga la frase ‘y yo miraba y yo miraba’ de “Reminiscencias” que subraya el acto de observar durante mucho tiempo.

Así, leer un poema o cualquier texto en voz alta no es un tema de niños, como solemos creer, sino que nos puede abrir otra posibilidad de lectura y aprecio.

 Christy Callaway-Gale

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