«Ida y vuelta», un cuento de Juan Carlos Onetti

Onetti - Ida y Vuelta

El cuento “Ida y vuelta”, del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, aparece en el libro “Cuentos Completos”, Editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores (Barcelona, 2009). El comentario posterior es de Christy Callaway-Gale.


IDA Y VUELTA

Juan Carlos Onetti

Se encontró sólo en la sala de espera y se puso a mirar el diario que había llevado para el brazo. Las manos le temblaban levemente. Sacó un cigarrillo y antes de encenderlo se acarició el ralo bigote cuyo crecimiento había vigilado durante semanas. Nunca había soportado el humo del tabaco y tosió con lágrimas; pero tenía que seguir fumando como un hombre hasta que llegara el momento de levantarse. No podía recordar, para imitarla, cómo era la expresión de un hombre cínico, un hombre maduro y ya de vuelta.

Tenía tres puertas por delante y fue paseando la mirada de otra mientras sentía golpear su corazón. La puerta del medio se abrió justamente cuando la estaba vigilando y apareció una mujer rubia, grande, cómoda, plácida y gorda; de los hombros le colgaba una bata desprendida y le sonrió desde la distancia, amistosa y alegre como si pudiera haberlo reconocido.

– Pasá, negrito- dijo, y él tenía el pelo castaño.

Se levantó del banco y avanzó sin mostrar su rechazo, sin poder contestar a la sonrisa alta e inmóvil. La habitación tenía una cama grande, cubierta por una sábana mal estirada, una cómoda con una gran jarra verde, hojas en relieve, sobre una palangana rajada. Había un perfume perdido en el olor inolvidable de la cocinilla a querosén.

La mujer sonriendo ya sin la bata desde la cama, empezó a parecerle enorme a medida que se iba quitando la ropa. Se arrimó al calor del fuego inquieto para terminar de desnudarse. Después la gorda se hizo cargo de él con experta paciencia, bondadosa y maternal.

Hasta que pudo, triunfal, iniciar su viaje de ida y vuelta en el túnel invisible, húmedo y sombrío, ida y vuelta hasta lograr verle la cara a dios por primera vez en su vida.

Ya en la calle pensó que lo que había comprado no podía sustituir a la palabra amor ni a sus sueños ni a sus intuiciones. Pero él no podía estar equivocado, estaba escrito que algún día no lejano su cuerpo y su alma iban a fundirse en la verdad dichosa y presentida.


Comentario:

Escribir con un lenguaje sencillo y preciso es un desafío. Siendo una marca registrada de su estilo, Juan Carlos Onetti nos presenta este cuento con una serie de imágenes nítidas, libres de distracciones verbosas. Vemos manos que tiemblan, un bigote apenas crecido, ojos con lágrimas y un corazón que golpea. Todas éstas sirven para construir un personaje de niño que de repente quiere ser hombre.

Pero no hay que olvidar que, a pesar de este estilo limpio que utiliza Onetti y de la tercera persona en que está escrito el relato, el autor nos deja contemplar la historia desde el punto de vista del protagonista y no de un narrador omnisciente. La mirada joven e inocente, con la que observamos la escena, choca con el contexto adulto. Las tres puertas del burdel en las que se fija el muchacho se convierten en diversión para él. ¿De cuál saldrá la mujer? Y no es un juego de apuestas para hombres maduros, sino uno simple y de niños que el protagonista gana cuando la mujer aparece en la puerta que estaba mirando.

Es más, nuestro joven compara la prostituta a una figura maternal. Nos acordamos del hogar familiar, de donde han sacado a este niño, y tal vez del único contexto en que  tenía a una mujer en la cama: su madre leyéndole cuentos antes de dormir. Según él, la mujer es grande y tiene toda la fuerza que le falta, lo cual es subrayado por los otros contrarios presentes en la descripción de sus aspectos físicos, tal como los colores opuestos del pelo de cada uno. Siendo así, ella lo cuida como esa persona materna a la que el protagonista está acostumbrado, e igual que los recuerdos de un hijo pequeño, para él este momento notable está vinculado a un olor.

Hay admiración y asombro, o tal vez es terror, en la voz que relata esta historia. Parece justo este tono, ya que, como sugiere el título del cuento, esta experiencia se transforma en un viaje no sólo físico, sino hasta espiritual que termina en verle la cara a dios. Hay un antes y un después que, distinto al fundirse el alma y el cuerpo, al cual se refiere el protagonista, no se pueden unir. De este modo, la idea principal del relato de ‘una ida y vuelta’, que propone Onetti, es totalmente irónica por ser imposible retroceder lo que ha pasado en ese patético cuarto.

Christy Callaway-Gale

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