«La máquina de pensar en Gladys», de Mario Levrero [Comentado]

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Les presentamos este cuento corto del escritor uruguayo Mario Levrero, que le dio título a su libro de cuentos La máquina de pensar en Gladys, publicado por primera vez en 1970. En 335 palabras, Levrero muestra todo su ingenio y capacidad creativa para mantener en suspenso al lector y dejarlo pensando en “la máquina” por un largo rato. El comentario al pie es de Bridget McNulty.


LA MÁQUINA DE PENSAR EN GLADYS

Mario Levrero

Antes de acostarme hice la diaria recorrida por la casa,para controlar que todo estuviera en orden; la ventana del baño chico, al fondo, estaba abierta –para que durante la noche se secara la camisa de poliéster que me pondría al día siguiente-; cerré la puerta (para evitar corrientes de aire); en la cocina, la canilla de la pileta goteaba y la apreté, la ventana estaba abierta y la dejé así –cerrando la persiana-; la lata de la basura ya había sido sacada fuera, las tres llaves de la cocina eléctrica estaban en cero, la perilla de control de la heladera marcaba 3 (refrigeración suave) y la botella empezada de agua mineral tenía puesto el tapón hermético, de plástico; en el comedor, el gran reloj tenía cuerda para algunos días más y la mesa había sido levantada; en la biblioteca debí apagar el amplificador, que alguien había dejado encendido, pero el tocadiscos se había apagado en forma automática; el cenicero del sillón había sido vaciado; la máquina de pensar en Gladys estaba enchufada y producía el suave ronroneo habitual; la ventanita alta que da al pozo de aire estaba abierta, y el humo de los cigarrillos del día se escapaba, lentamente, por ella; cerré la puerta; en el living hallé una colilla en el suelo; la deposité en el cenicero de pie, que la sirvienta se ocupa de vaciar por las mañanas; en mi dormitorio le di cuerda al despertador, comprobando que la hora que indicaba coincidía con la del reloj pulsera en mi muñeca, y lo puse para que sonara media hora más tarde a la mañana siguiente (porque había decidido suprimir el baño; me sentía un poco resfriado); me acosté y apagué la luz.

Por la madrugada desperté inquieto, un ruido desacostumbrado me había producido un sobresalto; me ovillé en la cama y me cubrí con las almohadas y me puse las manos en la nuca y esperé el final de todo aquello con los nervios en tensión: la casa se estaba derrumbando.


la maquina de pensarComentario

“Estar contigo o no estarcontigo es la medida de mi tiempo”, dice Borges en su poema El amenazado, una declaración que tiene mucho que ver con el cuento de Levrero, en la que el narrador intenta controlar toda su vida tan estrictamente como su medida de conceptualizar la pérdida de la escurridiza Gladys. El cuento sigue un proceso que nos hace pensar en un controlador compulsivo, un personaje que se enorgullece de tener todo en orden al punto que nada puede salir mal. Pero es la estructura de este cuento lo que nos lleva al centro del problema y revela todo: el narrador nos presenta una lista de su diaria recorrida de la casa “para controlar que todo estuviera en orden”, pero su mente no puede contenerse y filtra detalles que sugieren que no se ha superado a Gladys, y sigue ordenando cosas para y “por ella”.

No descubrimos cuál es la “máquina” que hace al narrador pensar en Gladys exactamente, esa que produce “el suave ronroneo habitual” y que suena casi humana. Pero el tipo de la máquina no importa, sino el hecho de que se ha normalizado en otra parte de su vida que puede controlar, y quizás una razón por la cual la perdió. Sus recuerdos han sido inmortalizados en un objeto, una forma de controlar sus emociones ante ella. Pero se puede decir que ese modo de superarla es muy egoísta, un intento de construir sus propios recuerdos en una manera que lo conforma para el resto de su vida, demostrando que es un narrador que rechaza el compromiso, que es necesario para sobrevivir.

Toda su rutina diaria se justifica con un motivo, pero al final el narrador se niega a darnos una explicación para este evento anormal, ya que nos parece que ninguna de las acciones anteriores importa, irónicamente, a pesar de ocupar la mayoría de la narración. Sus esfuerzos de mantener el control son socavados por eso, dado que siempre será algo que no entendemos en la vida. Incluso lo que consideremos ser la norma se revela a ser una construcción social: en el sentido metafórico del escritor, la construcción es fácil pero los cimientos están fuera de nuestro control.

Dentro de esta historia de un amor perdido, Levrero nos presenta un cuento de advertencia sobre los peligros de la monotonía, de lo rutinario en el día a día y de un hombre que se preocupa más por el futuro y la probabilidad, que de la certeza del presente. Al final, tenemos un cuento “carpe diem” con un guiño surrealista, que deja el lector con la idea de estar alejado de las monotonías para aceptar la emocionante incertidumbre de lo incontrolable.

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