Filosofía Brando: Todos somos actores

Brando y Brando

Marlon Brando es uno de los pocos actores del cine universal, que se ha detenido a reflexionar sobre su disciplina. Probablemente sin haberse propuesto el objetivo de elaborar un marco teórico en torno a la actuación, Brando contribuye con una mirada directa y precisa, al trabajo del actor. Lo curioso es que muchas de estas reflexiones vienen de entrevistas y conversaciones en las que de forma espontánea, pero también con una clara sabiduría basada en la experiencia, Marlon Brando se posiciona como un pensador del arte de la actuación en el contexto de la vida cotidiana. Muchas de sus ideas se transforman en material de estudio para lectores, escritores, dramaturgos, audiovisuales y público amante del cine y el teatro. Muchas de estas ideas funcionan como un empuje al acto creativo respecto a la elaboración de personajes.

Los siguientes textos están extraído del libro “Brando por si mismo” (Groebel Lawrence; 2006), y denotan una visión corajuda, ingeniosa y social de la actuación:

– “Existe una gran preocupación por la interpretación, que para mí no tiene ningún sentido. Todos somos actores, nos pasamos el día entero interpretando. La única diferencia entre un actor profesional y un actor de la vida real es que el profesional conoce un poco mejor el tema y cobra por hacerlo.

– ¿Por qué las personas se comportan como lo hacen? ¿Cuáles son los impulsos que están dentro de nosotros y que nos arrastran en una dirección o en otra?

Esa ha sido la preocupación de toda mi vida. Solía frecuentar las cafeterías de Washington Square sólo para observar a la gente. Si salía con una mujer, intentaba imaginar por qué decidía cruzar las piernas o encender un cigarrillo en determinado momento, o qué significaba que en el curso de la conversación se aclarara la garganta o se apartara un mechón de pelo de la frente. Solía sentarme en la cabina de teléfono del Optima Cigar Store, en la esquina de Broadway y la calle 42, y mirar por la ventana a la gente que pasaba. Los veía durante dos o tres segundos, hasta que desaparecían; si pasaban cerca de la cabina telefónica, podían desaparecer en un segundo. En ese fragmento de tiempo estudiaba los rostros, la forma en que colocaban la cabeza y balanceaban los brazos; intentaba captar quiénes eran, cuál era su historia, su trabajo, si estaban casados, preocupados o enamorados. El rostro es un instrumento extraordinariamente sutil; creo que consta de 155 músculos. La interacción de los músculos puede ocultar mucho, y la gente siempre oculta las emociones. Hay personas que tienen un rostro muy inexpresivo. Presentan siempre una expresión neutral y suele ser difícil leer algo en su rostro, sobre todo si se trata de orientales y de indios del norte y del sur de América. En tales casos, intento interpretar la postura del cuerpo, el aumento de la frecuencia con que parpadean, los bostezos involuntarios o el que no terminen un bostezo… Cualquier cosa que denote emociones que no quieren mostrar.

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *