Cuando Isabel Allende era periodista rebelde

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Foto extraída del Catálogo Bibliográfico de la Biblioteca Nacional de Chile.

Digitalizamos este artículo escrito por Mariela Suárez, que no estaba disponible on line, sobre los años de periodista rebelde de Isabel Allende, mucho antes de ser la superventas de la literatura mundial que es hoy en día. Isabel Allende ha vendido desde 1982 con «La casa de los espiritus» hasta la fecha, más de 50 millones de ejemplares y sus libros han sido traducidos a más de 20 idiomas. Otros títulos de la autora son: «De amor y de sombra» (1984), «Retrato en sepia» (2000), «La ciudad de las bestias» (2002), «Inés del alma mía» (2006) y «El amante japonés» (2015).

El siguiente texto fue publicado originalmente en el suplemento «Por fin viernes» (Santiago de Chile), el viernes 5 de septiembre de 2003.


ISABEL ALLENDE ERA PERIODISTA REBELDE

Mariela Suárez V.

La autora, que por estos días está de vuelta en el país, alborotaba a los lectores en los 60 y 70 con su pluma cargada de soltura, irreverencia e ironía.

Que las «chicas» son contestatarias, rebeldes y deslenguadas es algo que se manifiesta con todo esplendor en Isabel Allende Llona, la escritora chilena más vendida del mundo. Ella, que apenas se alza sobre el metro y medio, ha hecho de las suyas ventilando las situaciones más escabrosas de su propia vida.

Nació en Lima, Perú el 2 de agosto de 1942, y desde entonces su parentela dio muestras del «realismo mágico» que abunda en sus libros. Como en la clínica no dejaban ver a la niña, su abuela Memé no encontró nada mejor que pasar por alto a las enfermeras y sacar, de todas, la guagua que le pareció que era su nieta. «La otra será una mujer bonita. Y alta», ha dicho la autora como dudando de su origen.

Adelantada a la época, su madre, doña Panchita Llona, abandonó en Perú a Tomás Allende, secretario de la embajada chilena que en ese tiempo era su esposo, y regresó a Chile con sus hijos.

Isabel fue enviada entonces a un colegio religioso, de donde fue expulsada a los seis años por organizar un concurso de calcetines en el que, obviamente, se mostraban las piernas. «Esa fue la excusa que usaron, pero en realidad fui expulsada porque mi madre se había separado de mi padre y mantenía una relación con el hombre que luego se convertiría en mi padrastro. Las monjas no podían tener en la escuela a la hija de aquella mujer que estaba causando un escándalo», comentaría años después la escritora.

EL ESCÁNDALO HECHO PROSA

Isabel se inició como periodista cuando a partir de 1967 formó parte del primer equipo editorial de revista «Paula».

La autora de «Afrodita» recuerda que la directora Delia Vergara le pidió que escribiera algo livianito. Ella aceptó y empezó con dos columnas: la humorística «Los impertinentes» y la ácida-feminista «Civilice a su troglodita».

Los temas tratados cada semana no tardaron en provocar escozor en una sociedad bastante más cerrada. Y cómo no. Su primer reportaje “en serio» fue sobre una mujer infiel que se acercó a ella en una comida, luego de confesar su deseo de tratar el tema. «Me contó que era infiel porque disponía de tiempo después de almuerzo, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima y porque los hombres no estaban tan mal, después de todo», narró en una ocasión. Nadie perdonó el reportaje y enviaron cartas por montones para insultar al equipo. «El placer sin culpa ni excusas resultaba inaceptable en una mujer», concluyó Allende.

En otra de las notas se sumergió en el mundo de los cabarets y para ello se postuló como vedette. Tuvo que ensayar justo cuando la televisión estaba grabando. En vivo, sin ropa y ataviada con unos diminutos pompones en los pechos y una esmeralda en el ombligo. Para su suerte, apareció retocada: sólo su cara, junto al cuerpo de Rosita Salaberry. «La fama de tener un cuerpazo me sirvió como dos años, pero fue un escándalo. Yo era la directora de una revista para niños», cuenta recordando su paso por «Mampato».

Además de su incursión en prensa, entre 1970 y 1972, en pleno gobierno de «su tío» Salvador, trabajó en los canales 13 y 7, donde tenía un programa de humor y otro de entrevistas. Incluso su labor periodística tuvo pasajes increíbles, al punto que Delia Vergara puso en duda muchas veces la veracidad de lo que reporteaba y la misma Isabel ha declarado que nunca se consideró una buena periodista. Todo olía a bocanadas de ficción, de esas que son inaceptables a la hora de trabajar en un medio, pero que convierten en récord de ventas a una mujer que abandonó el periodismo por amor a la literatura.

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