«El largo camino a la ciudadanía», un cuento de Luis Humberto Crosthwaite

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EL LARGO CAMINO A LA CIUDADANÍA

Luis Humberto Crosthwaite

Para Lilia O’Hara

1. Desde niño adora todo lo relativo a Estados Unidos de América, considera que es el mejor lugar del universo. No se puede decir que sus padres le hayan inculcado este amor al país vecino, más bien es una circunstancia que se apoderó de él sin una explicación clara, una situación normal y cotidiana.

2. Ve la televisión como otros estudian la Biblia. La cultura norteamericana penetra en sus entrañas como una luz que llega del cielo preguntando «por qué me buscas?» Toda su vida tratará de responder a esa pregunta.

3. Desde muy temprana edad descubre que es mexicano, lo cual considera un gran inconveniente. Se reúne con otros que piensan igual que él. Busca cualquier pretexto para cruzar la frontera. En el norte se siente mejor, más libre. Atraviesa los centros comerciales. Maldice su destino.

4. Quiere ser «emigrado» porque sabe que es un paso preliminar para llegar a la ciudadanía. Habría sido más fácil si sus papás hubieran decidido emigrarse desde un principio. ¿Qué es eso de trabajar en Estados Unidos sin buscar la legalización? Ellos no tuvieron la visión ni la ambición. Se resigna. Termina por conformarse con su mexicanidad. Se dice: ser mexicano no es malo, pero ser U.S. citizen es mejor. ¿Qué va a ser de mis papás cuando envejezcan? ¿Quién va a cuidar de ellos? En Estados Unidos la vida está resuelta; puedes comprar una casa, un automóvil nuevo; tus hijos pueden estudiar en las mejores escuelas; servicio médico gratuito; una pensión del gobierno durante tu vejez.

5. Procura pasar el tiempo con sus parientes emigrados, los que ya han llegado a la cima. Cada domingo come carne asada en sus casas y anhela una vida americana como la de ellos. Se ríe porque los niños no pronuncian bien el español. Se dice: si yo fuera emigrado, les inculcaría a mis hijos el amor a sus dos patrias.

6. Americano es una palabra que lo enaltece.

7. Tramita su emigración en el consulado. Llena la solicitud con detenimiento y espera. Dice a sus 30 amigos que ya casi recibe los documentos. El «ya casi» se alarga, se estira hasta que deja una sombra en su estado de ánimo.

8. Termina casándose con una amiga de la secundaria que volvió a encontrar después de mucho tiempo. Hace unos años pensaba esperar hasta que llegara su green card. Intentó cortejar a algunas gringas en busca de un matrimonio por conveniencia.

9. Al principio no le causó gracia encontrarse con su amiga de secundaria. El pasado le molestaba por razones que no tiene caso mencionar. Después se enteró de que ella era emigrada, sólo que había decidido vivir en México. Qué absurdo. Ni siquiera trabajaba en Estados Unidos, teniendo la oportunidad de hacerlo. Aunque no la considera una persona inteligente, siente nacer dentro de él un extraño amor hacia ella, una sensación poderosa que lo obliga a buscarla con mayor frecuencia.

10. El matrimonio acelera los trámites. Mientras llegan sus papeles, la pareja tiene que cruzar la frontera por separado. No está bien visto por los oficiales de Aduana que una muchacha emigrada viaje en el mismo auto con un marido que sólo tiene pasaporte.
—¿Dónde vives?
—En México.
—¿y tu esposa?
—En Los Ángeles.
—¿Están casados y no viven juntos?
Prefiere dejar que su esposa cruce en el carro y él caminando. Después se reúnen en San Ysidro, junto al Burger King. Ahí varios hombres esperan a sus esposas. Es un pequeño inconveniente.

9. El día que recibe sus papeles de emigración y puede ver su fotografía radiante en la green card, se siente el hombre más feliz del mundo. Inmediatamente busca trabajo. Sabe que en Estados Unidos recibirá un sueldo mayor del que ganaba en México. Comprende que no podrá ocupar el mismo puesto que le ofrecía su profesión en su tierra natal. Ahora tiene que ser auxiliar, personaje secundario.

8. Repasa los periódicos en busca de ofertas, hace citas. Dialoga con prospectos, presume su inglés perfecto. Acude al servicio de desempleados. Le empiezan a pagar una modesta mensualidad mientras consigue trabajo; le da gusto entrar de esta manera a la burocracia estadounidense. Sabe que en México no tendría tal oportunidad.

7. Cuando al fin consigue un trabajo en una ofi 32 cina, descubre que existe el mismo número de mexicanos, filipinos y coreanos. Es un asunto de estadística.A los patrones les hacía falta un «hispano».

6. Su esposa y él deciden comprar una casa que pagarán a lo largo de su vida. Ella está embarazada. El niño no tendrá que sufrir las mismas pesadumbres, será americano desde su nacimiento.

5. Los fines de semana visita a sus padres.
—Cuando ustedes quieran, empezamos el trámite para ustedes —les dice.
Pero los viejos no quieren moverse de su casa. No saben, o no quieren entender, que México no cuida a los ancianos, los deja morir. En Estados Unidos…

4. Como era de suponerse, la emigración era sólo un estado provisional. Llega el día en que se reconoce legalmente su ciudadanía.

3. Los hijos crecen. Cada domingo la familia prepara carne asada en el jardín de su casa. Llegan a visitarlo parientes que él gustosamente recibe. A cada uno le habla de las maravillas de ser americano. Los parientes anhelan ser como él.

2. Los visitantes sonríen cuando escuchan que los niños no pronuncian bien el español.

1. Cuando está solo, el citizen pone sus viejos discos de Pedro Infante. Las canciones que le recuerdan a su padre.


*Este cuento pertenece al libro Instrucciones para cruzar la frontera, de Luis Humberto Crosthwaite,  editado por la editorial Joaquín Mortiz (México, DF, 2002).

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