«Pasarse películas», sobre «Autocinema» de Gaspar Orozco

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PASARSE PELÍCULAS

por Sebastián Quezada*

Para quienes no lo sepan en Chile se usa el dicho «pasarse películas» para referirse a la acción de imaginar diversas situaciones o sucesos a partir de determinados hechos. Sería más bien un acto cerebral que echa a volar la imaginación de quien la realiza. Así, puede «pasarse películas» quien camina por un callejón oscuro a altas horas de la noche, imaginando que en cualquier momento será asaltado por la persona que viene caminando justo detrás. Puede también hacerlo aquella persona que recibió de parte de su pareja un mensaje diciendo «tenemos que hablar», siendo el escenario todo el tiempo que transcurre entre el mensaje y la cita en cuestión. «Pasarse películas» es casi un deporte humano que en algunos casos puede llevar al delirio, la paranoia y una eventual falta de apego a la realidad. Tal vez se encuentra hoy más potenciada que nunca por el exceso de estímulos a que nos somete el imperio de la imagen, de la información rápida y la hiperconectividad, que nos impide mantener la mente en un estado de quietud. Esta actividad, que a menudo se desarrolla de manera desbocada y que parece superarnos, es llevada por el mexicano Gaspar Orozco al terreno de una inquietante poesía en su libro Autocinema.

A través de 56 textos el autor incita exquisitamente al lector a sumergirse en historias con pocas pretensiones que por momentos descolocan, situando a los valientes en un laberinto que a veces presenta rígidos muros cuando parecían aparecer las salidas. En una mezcla de divagaciones y experiencias personales y en un estilo que a ratos recuerda a la tradición del haiku japonés, Orozco no sólo invita a conocer y reconocernos en su particular manera de «pasarse películas», sino también a compartir la que sin duda se revela como su gran afición y que atraviesa enteramente su trabajo: el cine. Así, entre misteriosas elucubraciones de 35 milímetros, el autor exhibe un Film visto en una tecla de piano y otro Film visto en el lóbulo de una oreja. Pero su capacidad de imaginar no se detiene sólo en filmes, sino también en destacados realizadores: Desde una isla, Kim Ki-Duk te observa; Un día de diciembre, Alexander Sokurov observa el viento que atraviesa el palacio, pero por sobre todo, Plegaria a Georges Méliès, que constituye una verdadera oda al séptimo arte, son sólo algunos de los oníricos títulos que naufragan por la mente del autor. Con una pluma que perfectamente podría ser la del inconforme que dedicó su tiempo a las letras en lugar de la creación cinematográfica, en cada línea de Autocinema puede verse la obsesiva pulsión de llevarlo todo al terreno de las imágenes, de tal suerte que hasta casi puede verse cada una de sus breves historias proyectadas en un salón oscuro. Todo esto siempre y cuando el lector acepte el riesgo de hacerse cargo de la tan humana capacidad de «pasarse películas». Afortunada y maldita capacidad. Imprescindible para creadores y profanos.


«Autocinema»
Autor: Gaspar Orozco
Editorial Conaculta
México
Páginas: 104
ISBN: 9786074557299


*Sebastián Quezada Parra es Licenciado en Historia y Ciencias Sociales; y Diplomado en Cultura Digital, ambos en la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Desde el año 2013 se ha orientado a la creación audiovisual, siendo parte del colectivo Pelochuzo Audiovisuales, con los que ha realizado los documentales: Escenas olvidadas de la vía chilena al socialismo (2013), Techo y poder popular: la experiencia de la toma 26 de Enero (2014) y La alegría no(s) da risa (2015), y el proyecto web Tesis: nuevos medios para viejos problemas (2014).

 

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